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El Juwel Palais en Berlin

La masacre perpetrada en Oslo el pasado julio por Anders Behring Breivik ha venido a evidenciar un fenómeno crecientemente preocupante en Europa. Se trata del ascenso sostenido de la ultraderecha antisistema, o al menos de su discurso xenófobo y ultranacionalista. No sólo en Noruega, donde el Partido del Progreso (en cuyas filas militó el propio Breivik durante años) obtuvo recientemente un 23% de los votos, sino en diferentes países de la civilizada Europa asistimos a una escalada del número de apoyos recibidos en las urnas por organizaciones que, aprovechando la consecuencias de la crisis y la manera en que tanto los partidos conservadores como los socialdemócratas se muestran absolutamente incapaces de separarse un milímetro de las soluciones impuestas por los mismos mercados, banqueros y agencias de calificación responsables en primer lugar de la catástrofe económica, defienden un retorno a unas supuestas esencias nacionales excluyentes y proclaman de una manera cada vez más vehemente la necesidad de cazas de brujas y chivos expiatorios.

juwel palais berlin

Tal vez lo más preocupante no sea la manera en que posiciones que hasta hace relativamente poco el sentido común habría descartado mayoritariamente por neofascistas obtienen el respaldo de ciertos votantes desencantados, sino la progresiva infiltración de su ideario y discurso en los partidos conservadores europeos, que ocupan en la actualidad el poder en la mayor parte del continente.

Los presidentes de Francia, Reino Unido y Alemania expresan públicamente su desdén por el multiculturalismo y detrás de ello no se encuentra una revisión antropológica o sociológica del término sino una justificación para el recorte de derechos de emigrantes y la persecución, ilegalización y expulsión de grandes contingentes de personas con el objetivo de atraerse el voto de aquellos ciudadanos que temen voten a aquellos partidos que se sitúan a su derecha.

La interesante paradoja es que el ascenso de los partidos de extrema derecha obedece a que ofrecen a las clases más desfavorecidas la esperanza de un estado más social para lo elegidos, a diferencia de la deriva neoliberal de la derecha tradicional que está aprovechando la crisis financiera no para refundar el capitalismo y volver a regular la economía de mercado de modo más equitativo, sino para desmantelar por completo el estado de bienestar, uno de los grandes logros históricos de las sociedades europeas, y convertir a las clases medias y bajas en nuevos tipos de esclavos.

Son tiempos duros, implacables y canallas ante los que conviene estar muy alerta y no perder la memoria. A ello puede ayudarnos caminar por la antigua Spittelmarkt de Berlín y confirmar por enésima vez, cuando contemplamos el espléndido edificio neogótico del  Juwel- Palais, diseñado por Max Jacob y George Roensch en la última década del siglo XIX y única construcción que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial en toda la calle Gertraudenstraße, lo dolorosamente difícil que resulta reconstruir mentalmente el importante nudo de comunicaciones de vibrante vida urbana que una vez fue la plaza, en su tiempo uno de los lugares de mercado más antiguos de la región.

 

 

Paul Oilzum Only-apartments AuthorPaul Oilzum

La Historia nos enseña demasiado a menudo lo fácil que resulta borrar de la faz de la tierra algo que tardó periodos larguísimos en conformarse. Pocas ciudades sirven mejor para repasar la lección que la capital de Alemania, como sabe cualquiera que haya alquilado apartamentos en Berlín en los últimos setenta años.

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